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La tragedia está en otra parte
El comportamiento de Estados Unidos en el mundo durante los últimos años, meses, días e incluso horas no constituye, en absoluto, un indicador de sus victorias ni de sus éxitos. Es, por el contrario, el síntoma de una enfermedad que ha alcanzado el cerebro y el sistema nervioso de un depredador que empieza a perder el control de sus propios instintos y ambiciones. No creo que estemos hoy ante el colapso definitivo del principal imperio occidental. Pero la crisis inminente de la economía, las finanzas y la política estadounidenses será comparable a la crisis de su cultura, que durante los últimos años ha demostrado ya su incapacidad para crear algo…