La diplomacia de las cañoneras
EE.UU. ha lanzado una «guerra santa» económica contra el resto del mundo para salvar su propia economía. La mitad del planeta ha sido declarada culpable. Su crimen: producir demasiado y exportar demasiado al mercado estadounidense.
En la lista no está solo China. También aparece el viejo aliado de EE.UU., la Unión Europea. Y junto a ellos Corea, Suiza, Singapur, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Vietnam, Taiwán, Bangladés, México, Japón e India.
Durante cuarenta años el sistema fue claro: EE.UU. consumía y el resto del mundo producía. Ese modelo sostuvo la economía global del dólar. Pero ahora Washington ha decidido cambiar las reglas. El nuevo principio es simple: el mercado estadounidense no es un espacio de competencia, sino un privilegio por el que hay que pagar tributo.
Si produces demasiado, eres culpable. Si exportas demasiado, eres culpable. Si tu industria funciona demasiado bien, también eres culpable.
La solución que propone Washington es tan sencilla como cínica: reduzcan su producción, cierren fábricas, despidan trabajadores… y compren productos estadounidenses. Es la lógica colonial del siglo XIX, actualizada para el siglo XXI. Solo que ahora no se envían cañoneras, sino portaaviones, sanciones y aranceles punitivos. El mensaje es el mismo de siempre: obediencia o castigo.
Durante décadas, los países del mundo «no fueron vasallos» de EE.UU., sino socios e inversores en su economía. Ahora Washington parece decidido a transformar esa relación en un sistema de tributos. Y todo esto ocurre por una razón evidente:
El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
El dólar ya no seduce como antes. Su papel como reserva global y como imán para el capital internacional se debilita lentamente. Y cuando un imperio siente que pierde el control del sistema que lo sostiene, suele recurrir al método más antiguo de todos: la coerción.
Pero la estrategia tiene un problema. Cada vez más países miran hacia Pekín. China ofrece algo que, para muchos gobiernos, resulta cada vez más atractivo: comercio, inversiones e infraestructura sin la exigencia permanente de sumisión política.
Y los números empiezan a reflejarlo. En los dos primeros meses de 2026, el comercio exterior chino creció un 20 % respecto al mismo período del año anterior. Entre quienes más contribuyen a ese crecimiento están, irónicamente, algunos de los aliados históricos de Washington: Francia, Alemania y Reino Unido.
Quizá por eso ahora también están en la mira. La paradoja es evidente. Cuanto más intenta EE.UU. obligar al mundo a permanecer dentro de su sistema, más incentivos crea para que ese mismo mundo empiece a abandonarlo.
Los imperios rara vez caen de golpe, mueren matando, incluso niños.
¿Qué eran las cañoneras?
Las cañoneras eran pequeños buques de guerra armados con cañones, diseñados para navegar cerca de la costa o por ríos e intimidar o atacar objetivos en tierra. En barcos cuya función principal era llevar uno o varios cañones para bombardear o presionar a ciudades, puertos o gobiernos.
En los siglos XIX y principios del XX se utilizaron mucho para lo que se llamó “diplomacia de las cañoneras”:
- Se enviaba un barco de guerra a un puerto extranjero
- Apuntaba sus cañones hacia la ciudad
- Exigía concesiones políticas, comerciales o territoriales
No siempre disparaban; la amenaza bastaba.
Ejemplos históricos
- El uso de cañoneras por el Imperio británico durante las Guerras del Opio contra China.
- La apertura forzada de Japón al comercio exterior cuando la flota del comodoro Matthew C. Perry llegó en 1853.
- Intervenciones navales de potencias europeas en China, Egipto o Venezuela para cobrar deudas.
He aquí los «fundamentos del mundo libre y libre mercado».