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La Unión Europea, el capital y la memoria incómoda

Introducción

Existe una frase atribuida al mariscal soviético Georgy Zhukov que resume una tensión profunda en la memoria histórica europea:

«Liberamos a Europa del fascismo, pero nunca nos lo perdonarán.»

La frase señala un problema político real: la disputa por el relato histórico de la Segunda Guerra Mundial y por la legitimidad del orden europeo posterior. La narrativa dominante presenta a la Unión Europea (UE) como un proyecto de paz y cooperación entre pueblos. Sin embargo, una lectura crítica ofrece otra interpretación: la UE puede entenderse como una reorganización institucional del capitalismo europeo tras la derrota del fascismo, integrada en el bloque occidental liderado por Estados Unidos.

El imperialismo europeo y el origen del capitalismo global

El capitalismo moderno nació inseparable de la expansión imperial europea. Desde el siglo XVI, las potencias del continente construyeron un sistema global basado en colonización, extracción de recursos y comercio desigual.

En «Империализм, как высшая стадия капитализма» (Imperialismo, fase superior del capitalismo), Vladimir Lenin definió el imperialismo como una fase histórica del capitalismo caracterizada por la concentración del capital, el dominio del capital financiero y la competencia entre potencias por el reparto del mundo. Según Lenin, el imperialismo implica necesariamente expansión y dominación internacional.

El historiador Eric Hobsbawm describió el siglo XIX como la “era del imperio”, un periodo en el que la expansión colonial se convirtió en condición estructural para las economías industriales europeas.

La descolonización del siglo XX no eliminó esas relaciones de poder. El economista Samir Amin explicó que el sistema mundial capitalista continúa organizado en torno a una división entre centro y periferia, donde el Norte global mantiene ventajas estructurales acumuladas durante siglos de dominación colonial.

Europa occidental forma parte de ese centro.

La posguerra: hegemonía estadounidense y reconstrucción capitalista

La Segunda Guerra Mundial destruyó la primacía geopolítica europea. Tras 1945, Estados Unidos emergió como potencia hegemónica del bloque capitalista.

La derrota militar de la Alemania nazi fue decidida principalmente en el frente oriental. Batallas como Stalingrado y Kursk marcaron el colapso del Tercer Reich. Sin embargo, el papel del Ejército Rojo fue progresivamente minimizado en la memoria política occidental.

El historiador Tony Judt explica que la reconstrucción europea se realizó bajo tutela estadounidense a través de mecanismos como el Plan Marshall, la OTAN y la reorganización económica del continente.

En este contexto surgió la integración europea. Para el historiador Perry Anderson, el proyecto europeo representó una modernización institucional del capitalismo occidental bajo hegemonía atlántica.

Europa dejó de ser el centro del sistema imperial para convertirse en socio subordinado dentro del bloque liderado por Washington.

La integración europea como proyecto de élites

Las primeras instituciones europeas no surgieron de movilizaciones populares sino de acuerdos entre élites políticas, tecnocráticas y empresariales.

La Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951) integró sectores industriales estratégicos para estabilizar el capitalismo europeo en plena Guerra Fría.

El sociólogo Immanuel Wallerstein explicó que las instituciones internacionales tienden a reflejar los intereses del núcleo del sistema capitalista. La arquitectura económica de la UE —mercado único, disciplina fiscal y autonomía del Banco Central Europeo— responde a esa lógica.

La crisis financiera de 2008 confirmó estas dinámicas. Países del sur de Europa, los PIGS, fueron sometidos a programas de austeridad impulsados por la llamada “troika”. El economista político Mark Blyth ha descrito la austeridad como una política que protege al sistema financiero trasladando sus costes a la sociedad.

La guerra de la memoria histórica

El conflicto sobre el relato histórico de la Segunda Guerra Mundial continúa en el presente. Un ejemplo significativo es la resolución aprobada por el Parlamento Europeo en 2019 sobre la memoria europea, que equipara políticamente el nazismo y el comunismo.

Para numerosos historiadores, esta narrativa forma parte de una reescritura política del pasado que minimiza el papel de la Unión Soviética en la derrota del fascismo y redefine el antifascismo como una experiencia ambigua o incluso totalitaria.

En este contexto, la frase atribuida a Zhukov adquiere un significado más amplio: la liberación militar de Europa por el Ejército Rojo resulta incómoda para un relato histórico que busca legitimar el orden político surgido en Occidente tras la Guerra Fría.

Europa y el sistema mundial

A pesar de las crisis internas y las tensiones políticas, la Unión Europea sigue ocupando una posición central dentro del sistema capitalista global.

Los Estados europeos mantienen ventajas estructurales en comercio, finanzas, tecnología e influencia institucional internacional. Por ello, identificar a Europa con el Sur global resulta históricamente insostenible.

Como señaló Samir Amin, el capitalismo mundial continúa organizado alrededor de un núcleo de economías dominantes que concentran poder económico y político.

Europa forma parte de ese núcleo.

Conclusión

Europa es tan imperialista como Estados Unidos; la diferencia es que, desde la Segunda Guerra Mundial, las potencias europeas tuvieron que aceptar el liderazgo de Washington dentro del bloque occidental, una situación que ha marcado su papel en el orden internacional desde entonces.

La Unión Europea no es ni ha sido nunca una unión de los pueblos, sino una alianza del capital. Cuando sus dirigentes hablan de defender “los intereses europeos”, lo hacen con una claridad que no deja lugar a dudas: se trata de sus intereses. Los mismos que sirvieron para justificar guerras y confrontaciones geopolíticas, y los mismos que se invocaron cuando se impusieron recortes devastadores y políticas de austeridad a millones de personas en el continente.

La lógica es siempre la misma: la prioridad no son los pueblos de Europa, sino la defensa de los intereses del capital que la Unión Europea representa y protege.

La frase atribuida a Georgy Zhukov representa una memoria incómoda para un continente que, tras la guerra, reconstruyó su poder dentro de un nuevo sistema imperial.

Bibliografía

Amin, Samir (1976). Unequal Development. Monthly Review Press.

Anderson, Perry (2012). The New Old World. Verso.

Blyth, Mark (2013). Austerity: The History of a Dangerous Idea. Oxford University Press.

Hobsbawm, Eric (1987). The Age of Empire 1875-1914. Vintage.

Judt, Tony (2005). Postwar: A History of Europe Since 1945. Penguin.

Lenin, Vladimir (1916). Imperialism, the Highest Stage of Capitalism.

Wallerstein, Immanuel (2004). World-Systems Analysis. Duke University Press.

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