Irán
38 billones 731 mil 200 millones (38.731.200.000.000).
2 billones 355 mil millones añadidos durante el mandato de Donald Trump en un año y 35 días (400 días, 27,38 % del mandato).
2.355.000.000.000 de deuda nueva.
Una media de 5.888 millones diarios.
36.376.200.000.000 era la deuda al 20 de enero de 2025, cuando Trump asumió el cargo.
Fuente: https://www.usdebtclock.org/
La posición del Gobierno de la República Islámica de Irán
El ministro de Relaciones Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, declaró:
“Apoyado en los entendimientos forjados en la ronda anterior, Irán reanudará las conversaciones con EE. UU. en Ginebra con la determinación de lograr un acuerdo justo y equitativo en el menor tiempo posible.
Nuestras convicciones fundamentales son cristalinas: Irán, bajo ninguna circunstancia, desarrollará jamás un arma nuclear; tampoco renunciaremos a nuestro derecho a aprovechar la tecnología nuclear con fines pacíficos para nuestro pueblo.
Existe una oportunidad histórica para alcanzar un acuerdo que aborde preocupaciones mutuas y garantice intereses comunes. El acuerdo es posible, pero solo si se prioriza la diplomacia.
Defenderemos nuestra soberanía con firmeza, tanto en el terreno como en la mesa de negociación”.
El problema estructural
Aquí está el núcleo del conflicto, que es, a día de hoy, irresoluble.
Desde 1984, la narrativa de la “bomba nuclear iraní” forma parte del discurso estratégico estadounidense. Benjamin Netanyahu la repite desde 1992. Durante más de tres décadas ha sostenido que Irán está “a punto” de fabricar un arma nuclear.
En 1992 afirmó que faltaban cinco años.
En 2009, que eran “unas semanas”.
En 2025, sigue siendo “inminente”.
La amenaza siempre es inmediata, pero nunca se materializa. Sin embargo, las sanciones sí se materializan. Los embargos sí se aplican. El aislamiento financiero sí se ejecuta. La narrativa persiste porque cumple una función política: justificar que son narco-estado, perdón una dictadura… Estoy algo confuso.
La dimensión geopolítica
La cuestión no es si Irán amenaza a EE. UU. de forma directa. No lo hace. Tampoco la República Popular Democrática de Corea ni la República Popular China representan una amenaza militar directa sobre territorio estadounidense.
La realidad es distinta: Irán representa un desafío estratégico para Israel y para la arquitectura regional respaldada por Washington.
EE. UU. tiene intereses energéticos evidentes en la región. Irán posee las terceras reservas mundiales de petróleo y las segundas de gas. No se trata solo de seguridad; se trata de influencia, equilibrio regional y control geoeconómico.
Por eso la cuestión nuclear funciona como eje central del conflicto.
El precedente del acuerdo nuclear
En julio de 2015 se firmó el “Plan de Acción Integral Conjunto” (JCPOA) bajo la administración de Barack Obama. Irán aceptó límites verificables a su programa nuclear.
Posteriormente, Trump retiró a EE. UU. del acuerdo.
En junio pasado, Trump ordenó bombardeos sobre instalaciones nucleares iraníes calificadas como objetivos militares, afirmando que habían sido “completamente destruidas”. Si realmente hubieran sido eliminadas, la exigencia posterior de desmantelamiento total resulta contradictoria.
Aquí surge una incoherencia estratégica: o las instalaciones fueron destruidas, o siguen representando una amenaza estructural. Ambas afirmaciones no pueden sostenerse simultáneamente sin debilitar el argumento.
La fatwa y el marco jurídico
En octubre de 2003, el líder supremo iraní, Ali Khamenei, emitió una fatwa que prohíbe la producción y el uso de armas de destrucción masiva.
Irán, además, es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) desde 1970 como Estado no poseedor de armas nucleares. El TNP permite el uso pacífico de la energía nuclear y establece mecanismos de supervisión.
Sin embargo, tras una guerra de 12 días que alteró el equilibrio regional, Teherán ha insinuado que podría revisar tanto la fatwa como su permanencia en el TNP.
Aquí aparece un nuevo elemento: el desarrollo de misiles convencionales. A diferencia del armamento nuclear, no existe una prohibición general en el derecho internacional que impida su desarrollo. Este punto desplaza el debate del terreno jurídico al terreno estratégico.
Declaraciones de Trump
- “Acabamos de recibir más de 80 millones de barriles de petróleo de Venezuela”.
Desde el punto de vista técnico, la cifra plantea dudas. Venezuela produce aproximadamente 950.000 barriles diarios, consume cerca de 350.000 y dispone de unos 600.000 para exportación. En 41 días, la producción exportable rondaría los 24 millones de barriles, sin considerar compromisos previos con otros países. La cifra de 80 millones requeriría una explicación adicional.
- “La gente me dice: ‘Señor presidente, estamos ganando demasiado’”.
La frase forma parte de la retórica política habitual, diseñada para reforzar una narrativa de éxito económico.
- “La edad de oro de EE. UU.”.
“Nuestra nación ha vuelto, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”.
Frente a esa afirmación, los datos de deuda muestran una expansión acelerada del endeudamiento público: 2,355 billones en 400 días.
- Sobre Irán:
“Son gente terrible… están trabajando en misiles que pronto podrían alcanzar Estados Unidos… no hemos escuchado las palabras ‘Nunca tendremos un arma nuclear’”.
Nada nuevo bajo el sol.