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América para los americanos

… ¿Y nosotros qué somos?

Podrían preguntarse, los latinoamericanos. La respuesta para los no blancos mestizos es ser sirvientes y subyugados a las élites políticas y económicas estadounidenses que reproducen lógicas de poder heredadas del colonialismo.

Sí, así es, la lógica colonial se sustenta en el supremacismo blanco. Por mucho que sus películas enarbolen su lucha pasada contra el nazismo, el colonialismo europeo, por la libertad, la igualdad, etc., la realidad es la que es, y son lo que son. Que apenas estemos tomando conciencia de esto no es casual. Responde al poder de un estercolero mediático hegemónico que durante décadas ha moldeado la opinión pública sobre el pasado y el presente.

Cuando James Monroe pronunció en 1823 lo que más tarde se conocería como la Doctrina Monroe, lo hizo para oponerse al colonialismo europeo en el hemisferio occidental, proclamando que cualquier intervención de potencias europeas en los asuntos de las nuevas repúblicas americanas sería vista como una amenaza.

Sin embargo, con el paso del tiempo esa premisa defensiva fue reinterpretada y ampliada por la política exterior de Estados Unidos a medida que este se consolidaba como potencia (neocolonizadora). Más que un límite al colonialismo europeo, la doctrina se transformó en un instrumento ideológico para justificar el neocolonialismo estadounidense en todo el continente.

Bajo interpretaciones como la del Corolario Roosevelt a principios del siglo XX —que proclamaba un “poder policial” de Washington en casos de desorden en América Latina— la doctrina pasó de ser un principio de no intervención europea a un pretexto de intervención estadounidense en la región.

A lo largo de décadas, esta lógica de hegemonía fue empleada para respaldar intervenciones y presiones diplomáticas y económicas en numerosos países latinoamericanos. Desde golpes de Estado y operaciones encubiertas en el siglo XX hasta sanciones, bloqueos y presiones contemporáneas, han servido para agredir la soberanía de los pueblos para moldear, si no implantar, gobiernos alineados con intereses estadounidenses.

Colonialismo disfrazado de libertad. La resistencia: Cuba

Aunque formalmente el continente americano esté compuesto por una multiplicidad de naciones, la realidad geopolítica es que muchas de esas naciones están subyugadas a los intereses estratégicos, económicos y militares de Estados Unidos, de una forma que recuerda más a un patio trasero que a una comunidad de Estados soberanos.

El caso de Cuba ilustra esto a la perfección. Más de seis décadas después de la Revolución, Washington sigue intentando imponer un bloqueo para doblegar a un país que se negó a someterse a sus dictados. Ese ensañamiento inmoral inmortalizado como “política contra la dictadura” no es otra cosa que la incapacidad del imperio para doblegar una pequeña nación que ha construido su identidad soberana.

La razón por la que Estados Unidos lanza campañas acusando a Cuba, Nicaragua o Venezuela de ser “dictaduras” no es una preocupación genuina por la democracia, sino una forma de legitimar su intento por aplastar a cualquiera que no se someta.

Más allá de América Latina: la inconsistencia estadounidense

La incoherencia del discurso estadounidense no termina en el continente americano. En otras partes del mundo, Washington mantiene alianzas estrechas con monarquías absolutistas y regímenes autoritarios que no respetan derechos fundamentales, pero que sí se ajustan a sus intereses geoestratégicos y económicos.

El apoyo incondicional a monarquías dictatoriales en la península arábiga o la firme defensa política, diplomática y militar de gobiernos que llevan décadas enfrentados a acusaciones de graves violaciones de derechos humanos —como el caso de Israel en su depravada agresión contra el pueblo palestino— muestran una doble vara de medir profundamente hipócrita.

Bajo el prisma de esa política exterior, Estados Unidos no se rebela contra dictaduras o abusos; busca obedientes o aliados geoestratégicos. Donde un régimen cumple con las expectativas de Washington —sin importar su grado de autoritarismo—, recibe apoyo, armas y respaldo diplomático. Donde un país decide perseguir un camino independiente, autónomo y soberano, se convierte en «un peligro para la región».

Groenlandia: colonialismo aún vivo

Si la Doctrina Monroe sugiere que América es para los americanos, resulta infame que Estados Unidos plantee incluso la posibilidad de anexarse territorios como Groenlandia, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca que ni siquiera forma parte de su esfera jurídica directa. A lo largo de la historia política estadounidense se han sucedido propuestas de compra o adquisición de Groenlandia, en especial durante el siglo XX, viendo la isla como un activo geoestratégico no como un pueblo con derecho a decidir su propio destino.

Que una potencia pueda plantear con seriedad la compra o la anexión de un territorio soberano —aunque sea en nombre de la “seguridad”— revela, si es que aún no es evidente, la naturaleza de su ser.

Conclusión: soberanía no negociable

La política exterior estadounidense no es un ejercicio de defensa de la democracia o de derechos humanos universales. Es, ante todo, una política de imposición de intereses —políticos, económicos y estratégicos— bajo la cobertura de marcos ideológicos que disfrazan la coerción y la agresión con palabras como “seguridad nacional”, “amenaza” o “libertad”.

Países que optan por construir un camino soberano, independiente y digno enfrentan no solo campañas mediáticas, sino sanciones, bloqueos político-económicos, cuando no golpes de estado, secuestro o asesinatos de sus jefes de estado. Esa no es una defensa de la autodeterminación de los pueblos; es una forma moderna de colonialismo-imperialismo político y económico que pretende negar a otras naciones el derecho a existir en los términos que estas libremente determinen.

Cronología de Intervenciones de EE. UU. en América Latina y el Caribe (incompleta)

1. 1823 — Doctrina Monroe: proclamada para oponerse a la intervención europea, luego usada como justificación de hegemonía estadounidense.

2. 1846–1848 — Guerra México‑Estados Unidos: anexión de amplios territorios mexicanos y consolidación territorial estadounidense.

3. 1898 — Guerra Hispano‑Estadounidense: control estadounidense sobre Cuba y Puerto Rico, expansión militar en el Caribe.

4. 1903 — Separación de Panamá: apoyo a la secesión de Panamá de Colombia para controlar el Canal de Panamá.

5. 1912–1933 — Intervenciones en Nicaragua: ocupación militar y apoyo a gobiernos conservadores como los Somoza.

6. 1914, 1917–1922 — Intervenciones en Cuba: presencia militar para proteger intereses estratégicos y políticos.

7. 1915–1934 — Ocupación de Haití: control político, financiero y militar durante casi dos décadas.

8. 1916–1924 — Ocupación de República Dominicana: control político y militar del país por fuerzas estadounidenses.

9. 1950 — Represión en Puerto Rico: intervención de la Guardia Nacional contra movimientos nacionalistas.

10. 1954 — Golpe de Estado en Guatemala: derrocamiento de Jacobo Árbenz y establecimiento de junta militar.

11. 1959–presente — Cuba: embargo económico, sanciones y esfuerzos encubiertos para desestabilizar al gobierno de Fidel Castro y sus sucesores.

12. 1961 — Invasión de Bahía de Cochinos: intento fallido de derrocar a Fidel Castro mediante fuerzas entrenadas por Estados Unidos.

13. Década de 1960 — Operaciones encubiertas en varios países: apoyo a golpes y presiones sobre gobiernos percibidos como izquierdistas.

14. 1965 — Intervención en República Dominicana: desembarco de fuerzas estadounidenses ante amenazas comunistas.

15. 1973 — Golpe de Estado en Chile: apoyo a la desestabilización de Salvador Allende e instalación de la dictadura de Pinochet.

16. Década de 1970 — Operación Cóndor: coordinación de represión con dictaduras del Cono Sur contra movimientos de izquierda.

17. Década de 1980 — Apoyo a los contras en Nicaragua: financiación y entrenamiento a grupos armados contra el gobierno sandinista.

18. 1983 — Invasión de Granada: intervención militar para derrocar al gobierno socialista de la isla.

19. 1989–1990 — Invasión de Panamá: captura de Manuel Noriega y disolución de las fuerzas armadas panameñas.

20. 1991–1994 — Intervención en Haití: restauración del presidente Jean‑Bertrand Aristide tras su derrocamiento.

21. 2002 — Apoyo indirecto al golpe contra Hugo Chávez en Venezuela: respaldo diplomático y legitimación internacional a la oposición.

22. 2009 — Crisis política en Honduras: apoyo a la oposición tras el derrocamiento de Manuel Zelaya.

23. 2010s–2020s — Sanciones económicas sostenidas: presión sobre sectores clave en Venezuela, Nicaragua y Cuba.

24. 2019 — Reconocimiento de Juan Guaidó en Venezuela como presidente interino, intensificando la presión diplomática.

25. 2025 — Operación “Lanza del Sur”: campaña militar contra embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.

26. 2026 — Ataques navales del Comando Sur: acciones militares que resultaron en decenas de muertos, generando controversia internacional.27. Enero 2026 — Operación contra Nicolás Maduro: captura y traslado del presidente venezolano, presentada como acción antidrogas pero denunciada como violación de soberanía.

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